Hoy, ordenando mi cuarto, revolviendo mi pasado he encontrado esa famosa púa verde. Esa que estaba feliz de ver cada día colgada de mi muñeca, esa que busqué un día para demostrarme a mí misma que ya no te quería, esa que hace apenas unos minutos me ha visto de nuevo llorar.
Verde. Nunca más veré ese color de la misma manera. Yo era rojo, tú eras verde. Creo recordar que nos amábamos, y ahora solo el rojo mantiene esa promesa. Ya ves, somos dos partes de un mismo todo, o lo fuimos, al menos.
Enterrado ya todo sentimiento por tu parte, y yo escavando sin descanso para poder verlo de nuevo. Utilizando en cada intermedio una goma que borre todo lo vivido y llorando en cada noche de descanso. Pasando mis días libres con mal presagio y derritiéndome poco a poco con esa típica incierta frase de que el tiempo cura las heridas.
El rojo seguirá siendo rojo, el color de las heridas sin sanar. Y más heridas que me hago cada vez que mi masoquista corazón te busca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario