5 de mayo de 2012

billar


Me dijiste cosas que me dolieron mucho sin venir a cuento o razón, dijiste que te sacaba de quicio, que no me querías ver… Y al día siguiente me pediste perdón, como quien dice hola y adiós, sin tener en cuenta a nadie excepto a ti.

¿Y acaso crees que puedo perdonar? Hago esfuerzos por llevarme bien contigo, y tu de nuevo lo rompes todo, rompes mi sonrisa, sacas mis lágrimas, destrozas mi corazón. Me hubiese gustado decirte que no, que ya basta, que no te soporto más, y que te fueras al infierno… pero sabes que por mucho mal que me hagas, siempre, y digo siempre, voy a estar detrás de ti, queriéndote como la primera vez que te lo dije.

Fue entonces, justo antes de que me diera cuenta de la situación, cuando advertí que solo cuatro bolas se reposaban sobre el billar: la blanca, el ocho negro, una roja, y una verde. ¿Casualidad? No, yo prefiero llamarlo destino.

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