Y allí se alzaba ella, resistente al paso de los años,
enteramente de piedra, sin derrumbarse por ningún hombre o situación difícil.
Allí donde pasamos el primer día de mi locura, allí donde descansa mi memoria,
consumida por nuevos tiempos a los que no se puede adaptar.
Pero esta vez fue distinto a aquella vez en la que nos
besábamos en las escaleras que hay frente a ella, esta vez la catedral no era
un lugar feliz, ya nada era igual.
Pero, algo me consoló, fue aquella pareja, no muy distintos
a como éramos tu y yo entonces, disfrutando de todos los momentos compartidos.
Ellos… Por ellos es por los que sonrío, por saber que ese sitio tan especial
para mí, también lo es para ellos, y todos los corazones que allí se
entregaron, son sin duda, símbolo de que para bien o para mal, el amor todo lo
puede, y creo que nunca podré llegarlo a entender
Catedral… te envidio.