Y me encuentro totalmente sola, sin nadie en quien apoyarme, y siento que me voy a caer al vacío y no podré salir de ahí. Mis pilares, en los que me apoyaba cuando lo necesitaba, se han evaporado en un abrir y cerrar de ojos y ahora más que nunca te recuerdo entre un mar de lágrimas y rímel corrido de tiempos en los que lo único importante para mí era que haría esa noche.
Ahora veo esas tardes muy vacías y valoro más una hora hablando contigo, de la vida en general, que un día entero rodeada de gente, bebiendo y fumando, cosas que no le llenan de verdad.
Me agarro a las palabras que dijiste, como si mi vida dependiera de ello, pues vivimos de las esperanzas, aunque estas solo aporten sufrimiento. ¿Tus palabras? Jamás digas nunca.
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