Recuerdo a mi primer novio. Lo elegí con mucho cuidado, no quería equivocarme. Por aquel entonces yo creía en el amor eterno y todas esas cosas que Disney nos hace pensar que existen. Ahora, me parece igual de irreal pensar en que existan sirenas y brujas que una persona que esté siempre conmigo, que ambos nos amemos y queramos compartir juntos el resto de nuestra vida.
Y me di cuenta tarde de ello. Pero, sin embargo pude levantarme de la caída, cambié mis ideales fantasiosos por lo que aprendes en la calle y pronto mis ambiciones de futuro dejaron ser “encontrar a mi media naranja y estar toda la vida con él” a “me voy a comer el mundo”
Fue un cambio muy importante y estuve viviendo así unos cuantos años. De vez en cuando, encontraba a alguna que otra persona que me atraía, pero que se desvanecía como los demás y lo único que me quedaba de él eran momentos compartidos que no me importaba recordar.
Y entonces ocurrió, lo conocí a él, a la persona que todo la cambió y por quien todo lo di. Junto a su persona viví momentos únicos e inolvidables, cosas que serán imposibles de repetir y que fueron demasiado especiales para mí.
¿Después de eso que te queda? Has vuelto a darle una oportunidad al amor y otra vez ha fracasado, pero aún así, la vida te ha demostrado que existe un sentimiento llamado amor. Y de este modo me encuentro yo, perdida en mi propia perdición y sin un rumbo que quiera o pueda seguir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario