Y hoy se han derramado mis primeras lágrimas de este año bisiesto, se han caído lentamente, sin si quiera pedirme permiso, deslizándose por las mejillas que un día besaste.
Llorar no sirve absolutamente de nada, no hace que te sientas mejor, no te quita las tristezas, pero parece que cuando lo haces, liberas un poco de tensión y te sincerizas contigo misma. Es eso lo que parece que sentimos, una paz interior cuando ya no te quedan más lágrimas que expulsar. Es dolor, es añoranza, es tristeza por los momentos vividos que no se repetirán, es un sinfín de cosas que solo sientes si sabes llorar.
Al menos eso pienso yo, acepto que en ocasiones, me gusta pararlo todo y humedecer mis ojos, recordarme cosas que me hacen daño y sentirme después un poco más fuerte.
Y como no, esta entrada la tengo que terminar con lo que siempre digo, que eres tú, la persona que más me hizo reír, por la que lloro casi todas las noches y que una vez más te lo digo: te amo.
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