19 de enero de 2012

a mi hermano

Hoy, una simple conversación en mi casa ha puesto mi pequeña mente a trabajar, a pensar en las posibilidades, a analizar las palabras más inocentes, las dichas por un niño de cinco años.

Al otro lado de la pared de mi cuarto he escuchado a mi hermano hablar con su madre. Siempre me ha sorprendido lo mucho que hablan esos dos, la relación tan profunda que tiene un niño con la persona que le guardó en el vientre durante nueve meses, pero ese es otro tema a tratar.

Mi hermano ha preguntado cuantas palabras existían y ella le ha respondido dudando al principio que muchas, demasiadas para contarlas, imposible hacerlo, infinitas. Infinito. Ya ves, una simple palabra que expresa a todas las demás.

Con tu nombre en mi cabeza, con el sentimiento de que te quiero como a nada más en este mundo, espero tatuarme algún día un infinito en el dedo índice, esa será la marca de que estaré a tu lado siempre, de que me enseñaste que era amar, y de que fuiste la primera persona que con solo cogerme un dedo de la mano, de manera torpe, la de un niño recién nacido, y con tu pequeña mano, hizo que sintiera algo tanto, tan fuerte.

Te quiero infinito.



No hay comentarios:

Publicar un comentario